La historia de la edición contemporánea en España : ¿una historia sin archivos? 


en: «En nombre de todos…». Estudios en homenaje a José Miguel Delgado Idarreta, Berceo: revista riojana de ciencias sociales y humanidades, 173 (2017), pp.  49-60.



Con respecto a otros países europeos, cara a su propia memoria editorial, España —la quinta potencia mundial en el campo de la edición[1]— sigue adoleciendo de las históricas dificultades del Estado liberal español para afirmarse como Estado, de la muy lenta, tardía y relativa incorporación de España en la cultura escrita e impresa (no obstante totalmente compatible con una perfecta isocronía en determinados sectores o regiones), de la debilidad del sector editorial hasta principios del siglo XX (momento en el que España empieza a recuperar de manera significativa el mercado de la América hispanófona hasta entonces semi copado por otros países, como Francia), y también de la tardía organización en España de las artes del libro, ya que es preciso esperar hasta 1901 para que se estructure el sector editorial y librero y publique, en un boletín mensual, una primera bibliografía nacional corriente pero declarativa : Bibliografía Española (el sistema del depósito legal solo a partir de 1958 empezó a funcionar de veras[2]). Tampoco ha ayudado la doble capitalidad editorial de Barcelona y Madrid y la permanencia de unas aún notables actividades editoriales en las provincias que, tras unos largos años de dirección autoritaria por el Instituto Nacional del Libro Español (INLE), se han encontrado como respaldadas por el Estado de las autonomías, con una organización del sector bastante dispersa[3]. En cuanto a los autores, si desde 1847 se les reconocía el derecho a la propiedad intelectual, solo tardíamente llegaron a organizarse para la defensa de sus intereses[4].

            Una consecuencia de esta situación solo muy someramente descrita es, por ejemplo, que a lo que en otros países dio lugar, por parte del Estado o de las organizaciones gremiales, a unas medidas eficaces de colección y conservación de informaciones y documentos que hoy en día puedan contribuir a la constitución de una memoria del libro y de la edición, solo se prestó en España una imperfecta y dispersa atención y durante mucho tiempo fue necesario ir a buscar en los archivos de varias instituciones de muy heterógeneo estatuto aquellas informaciones susceptibles de nutrir una elemental base documental[5].

            Si al sector privado nos referimos, no se observa por parte de las empresas editoriales o de producción y difusión del libro y del impreso ­—inclusive la prensa, por supuesto—, una preocupación por la conservación y la organización de sus archivos : solo se conocen unos pocos archivos sistemáticos y cumulativos de publicaciones propias, con o sin sus respectivos dossieres, y la documentación financiera no parece haberse conservado más allá del plazo legal. En cuanto a la correspondencia con los autores, por muy ilustres que fueran, no parece que haya merecido un interés especial. Solo a las escrituras de las sociedades y a los títulos de propiedad  parece habérseles prestado más atención en la medida en que tienen que ver con la administración o la transmisión del patrimonio[6].

Esto se deberá a la poca duración de muchas empresas editoriales, a la menguada superficie social del sector y a la escasa autoestima (de ahí, por ejemplo, que haya pocas publicaciones conmemorativas hagiográficas), al limitado número de sociedades ( lo más corriente es que se trate de empresas individuales o familiares), a la pertinaz desconfianza hacia los “intrusos” o al exceso de control (como bajo el franquismo), a la recurrente ausencia de iniciativas o de un sentido del interés colectivo, mucho más, por supuesto, que al muy socorrido pretexto de las destrucciones a raíz de la Guerra civil, por los “rojos”, como se solía afirmar en los año 1970[7].

            Afortunadamente, algunos archivos han sido tratados con más cuidado. Este es el caso del de Lázaro Galdiano quien conservó parte de los archivos de su casa editorial (La España Moderna), hoy custodiados por la Fundación epónima, y lo mismo pasó con la Fundación Ortega y Gasset. De Calpe y luego Espasa-Calpe parece ser que quedan algunos archivos[8]. Las Cámaras del libro de Barcelona, mientras fueron activas, recogieron mucha documentación (catálogos y anuncios, fundamentalmente) sobre la edición barcelonesa, conservada después en la Biblioteca Bergnes de las Casas y ahora poco idenditificable dentro de la Biblioteca de Catalunya. De no haber sido tirados, como papel, cuando en 1988, la casa Hachette se hizo con Salvat[9], los archivos de esta casa, fundada en 1869,  hubieran podido dar lugar a una magna monografía de la que nos dan una idea los trabajos publicados por Philippe Castellano, a base de los pocos y dispersos documentos que él consiguió rescatar[10].

            Por lo que a archivos personales respecta (lo más a menudo se trata de archivos de escritores e intelectuales, pero también de hombres políticos, ya que, en la época estudiada/de referencia la frontera entre esas categorías era menos nítida), muchos se han quedado en esferas privadas y solo la pertinacia o el azar han permitido encontrarlas, como el muy completo archivo de la Asociación de Escritores y Artistas Españoles[11] o el de Sinesio Delgado  sobre el que ya he dado más precisiones[12]. A pesar de una toma de conciencia de su valor memorial (gracias, en parte, a los estudios que han permitido), su futuro dista mucho de ser garantizado[13]. A falta de unas disposiciones de salvaguardia para el conjunto del campo, el legado o el depósito en alguna institución (como las casas-museos de escritores o algún museo[14]) o su adquisición por las bibliotecas de referencia (como la Biblioteca nacional de España o la Biblioteca de Catalunya) son soluciones aún no totalmente generalizadas.

De ahí, hasta hoy, una relativa abundancia de documentos e informaciones oficiales sobre escrituras de constitución de sociedades, contribución industrial, etc., con todos sus límites por lo que a fiabilidad y exhaustividad respecta, y la escasez de los fondos de archivos editoriales conservados y/o disponibles, lo más a menudo bajo forma de fragmentos : para lo que a las gentes del libro atañe, se encontrará en Botrel[15], un inventario de lo existente para el siglo XIX y unos ejemplos concretos.

De ahí, para el historiador de la edición y del libro, la necesidad de buscar e inventar unos « yacimientos » reducidos a menudo a unos pocos documentos, explotar las informaciones recabadas por lo que son, esto es unos elementos de un puzzle, darles de alguna forma un sentido, pero también a menudo salvar el obstáculo recurriendo a fuentes indirectas : por ejemplo, las correspondencias[16], la bibliografía material[17], etc.

            Pero no hay mal que por bien no venga : en otra ocasión conté las consecuencias posiblemente positivas sobre una trayectoria investigadora y accesoriamente sobre la historia de la edición en España[18], menos técnica y más cultural que en otros países, porque de haber encontrado en Francia suficiente documentación sobre la casa Garnier Frères o sobre la Casa Bouret — unas editoriales que se dedicaban a la edición de obras en español­— y no únicamente un Registro de imprenta de la casa Ollendorff conservado en la casa editorial Albin Michel[19], tal vez no hubiera yo emprendido y realizado unas investigaciones sobre la historia de la librería y de la edición españolas, y si no hubiera encontrado más que unas informaciones parciales, el investigador “todo terreno” que he llegado a ser, no hubiera tenido que inventar nuevas fuentes ni ambicionar abarcar un campo más amplio, con unas consecuencias de cierto alcance heurístico pero también, hay que reconocerlo, la necesidad de limitarse a unos sondeos y a una producción bajo forma de un mosaico lacunario. Podrán hacerse unas reflexiones similares a propósito de investigaciones posteriores, como la llevada a cabo por Anne Lanquette[20] que incluye (pp. 125-156) un capítulo sobre “Les maisons d’édition  espagnoles dans les années 80 : état des lieux et rôle”,  entre otras Anagrama y Tusquets[21].

            Desde los años 1980, por lo que toca a la información sobre el periodo franquista, han ido cambiando las cosas : los archivos de los distintos ministerios, como el de Información y turismo a cargo de la censura, los del INLE o los del CSIC[22], se han depositado en el Archivo General de la Administración, en Alcalá de Henares, donde se pueden consultar y, para la historia de las políticas del libro y de su organización (de la censura, por ejemplo) y hasta para la historia de de la lectura y de las prácticas lectoriales de los años 1940-1980, se dispone ahora de unas fuentes seguras y bastante abundantes. Pero el acceso a los archivos de las casas editoriales sigue siendo muy complicado, ora por no haber sido conservados, ora por no ser accesibles, al no haber sido ubicados o por falta de autorización.

Tal vez eso explique la escasez o el carácter bastante parcial de los estudios dedicados a las casas editoriales contemporáneas[23] , los sobre Janés, Espasa, Salvat, Calpe[24], Juventut[25], las librerías Sánchez Cuesta[26], la colección “Espejo de España[27]”, Quaderns Crema-Simió[28], Calleja[29], Ruedo Ibérico[30], Aguilar[31], Editorial-América, Taurus[32], Olarra, el poeta e impresor Manuel Altolaguirre[33] o la editorial Gustavo Gili[34], por ejemplo. Pero también entrará en cuenta  el hecho de que la historia de la edición contemporánea, al contrario de la del libro antiguo, hasta ahora no ha atraído a muchos investigadores, más interesados, por la diversidad de su formación[35], por la problemática de la historia de la cultura escrita e impresa[36].

De ahí también que la mayor parte de las historias de la edición contemporánea, sobre todo las dedicadas al siglo XX, hayan de escribirse sin todas las bases habitualmente reunidas[37]. Como escribía J. A. Cordón García en 2005, “se hace imprescindible el desarrollo de una historia de la edición que vaya rellenando los cientos de pistas trazados en [las] iniciativas pioneras” descritas en su artículo y no menos indispensable es que “los editores abran sus archivos para la investigación[38]”.

Hasta ahora las empresas vinculadas con el sector editorial han manifestado poco interés por el análisis histórico del campo y si se puede entender su reticiencia  a “aportar datos de actualidad sobre una empresa en funcionamiento que puede en la lógica del mercado aportar informaciones estratégicas a la competencia”, esta “se hace incomprensible cuando se trata  de indagar sobre la dimensión histórica del sector editorial[39]”.

Parece ser, sin embargo,  que se está dando una evolución positiva en la autoestima de los editores que se cuidan cada vez más de ofrecer unas publicaciones conmemorativas (como las de Tusquets Editores o de Anagrama en 1994 o de la editorial Gustavo Gili en 2013), y, siguiendo el ejemplo de Manuel Aguilar[40] o de Carlos Barral, redactan y publican sus memorias, como R. Borràs Betriu, J. Casals, Mario Muchnick, en su « autobiografía editorial », Jorge Herralde, Jaime Salinas ou Esther Tusquets[41]  o revelan parte de sus correspondencias[42]. También se puede contar con los escritos de algunos críticos como R. Conte o M. García Posada) y de periodistas, como X. Moret o S. Vila-Sanjuán[43], sobre los autores y los editores en la España democrática.

En cuanto a los escritores, la conservación de buena parte de sus archivos y bibliotecas se suele hacer, desde hace bastante tiempo para algunos, en unas casas-museos (Biblioteca Menéndez Pelayo, Casa Museo Pérez Galdós, Balaguer, Zenobia-Juan Ramón Jiménez en Moguer,) o fundaciones (como la Fundación José Ortega y Gasset en Madrid, Camilo José Cela en Iria Flavia, Max Aub en Segorbe, Azorín en Monóvar, etc.), de muy variopintos estatutos (de derecho público o de derecho privado,  adscritas a una comunidad autónoma, una universidad, una academia, una fundación, etc.), y agrupadas unas cincuenta de ellas en una Asociación de Casas-Museo y Fundaciones de Escritores (ACAMFE), fundada en 1998[44]. En algunos casos, se ha optado por custodiar los archivos en una sala dedicada dentro de una biblioteca, como para el archivo Leopoldo Alas “Clarín” en la biblioteca Pérez de Ayala de Oviedo. Este fenómeno que en tiempos del franquismo estuvo/pudo acompañar la Confederación Española de Centros de Estudios Locales del CSIC, puede relacionarse ahora con la nueva organización territorial  de España (el Estado de las autonomías) y considerarse como sintomático de una voluntad de recuperación patrimonial y a menudo de afirmación identitaria, asociada a unos dispositivos de turismo cultural de buena ley, para unos escritores de desigual notoriedad.

Estas numerosas casas-museos[45] se encuentran muy dispersas por todo el territorio español y más fondos pueden custodiarse en las bibliotecas[46], en las universidades o centros de investigación[47], en el Archivo general de la Administración[48], en el Archivo Histórico Nacional, en la Real Academia Española, en unas fundaciones como  la Fundación Lázaro Galdiano (donde existe un fondo P. A. de Alarcón), la Fundación Juan March (fondo G. Fernández Shaw) o la Residencia de Estudiantes.

Para los historiadores de la edición, dichas casas-museo, centradas en la persona y obra de un escritor,  ofrecen unos recursos muy dispares : desde el conjunto del archivo y de la biblioteca en la fecha de su muerte (como para Pérez-Galdós) hasta algunos objetos escenificados dentro de la propia casa del escritor. Así y todo contribuyen a la conservación y a la reconstitución de unos fondos de documentación, al mismo tiempo que a unas tareas de sensiblización y de difusión cultural[49].

Alguna de aquellas instituciones puede, para un periodo determinado, resultar de mucha relevancia como es el caso de la Residencia de estudiantes en Madrid. Esta fundación privada dentro del CSIC se ha dado, desde 1999, por misión, sobre todo con el “Centro y archivo virtual de la Edad de Plata (1868-1936)”, rescatar y difundir los testimonios sobre la historia intelectual de la Edad de Plata y facilita un acceso virtual a más de 100 000 volúmenes y más de 180 000 documentos procedentes, los más, de los archivos personales de escritores (unos 15), de la generación de 1927 fundamentalmente (inclusive Buñuel), gracias a un sistema de información compartido con distintos centros[50]. Una idea de los que pueden deparar dichos archivos para el estudio de un librero (León Sánchez Cuesta) la da Ana Martínez Rus quien muy peculiarmente explotó el fondo descrito (p. 183) en su monografía[51].

Pero conste que si por su actividad los escritores dan acceso a bastantes informaciones sobre la edición, estas son más bien puntuales (sobre la dimensión contractual, por ejemplo) y sobre todo solo remiten a un sector de la edición, la literaria, que no es, por cierto, la de mayor relevancia desde el punto de vista económico ni, tal vez, cultural.

Esta situación (dispersión de los archivos de escritores y de las casas editoriales desaparecidas (cuando se conservaron) y el peligro de que ocurra lo mismo con las actuales) dio pie para un proyecto de creación en Salamanca de un “archivo de la edición” que cumpliera unas misiones parecidas a las del Institut de la mémoire de l’édition contemporaine (IMEC) francés[52].

Este proyecto que, en cierta medida, continuaba un proyecto anterior de archivos de empresas bajo la tutela del Instituto del Libro y la lectura y la dirección de Jordi Nadal, se daba por cometido la salvaguardia del patrimonio editorial y de la vida del libro por la reconstitución de esta memoria patrimonial dispersa, pero también la puesta a disposición de la comunidad científica de unas herramientas de documentación e investigación sobre la gente y los oficios del libro y también su aprovechamiento científico y editorial.

Para la constitución de los fondos, se preveía un sistema de depósito (sin alienación de la propiedad) regido por un contrato de conservación y explotación ( que precisara, entre otras cosas, las condiciones de consulta), comprometiéndose cada depositante a enriquecer con puntualidad su propio fondo y fomentar las investigaciones sobre los mismos.

En su organización documental, estos archivos se habían de estructurar en torno al concepto de “Fondo” (de autores, de editores, de oficios del libro, de instituciones vinculadas con el mundo del libro y de la edición) y, por consiguiente, obedecer estrictamente a la lógica de constitución intelectual de cada fondo, sin redistribución por categoría documental (impresos, manuscritos, audiovisuales, periódicos, etc.). A cada fondo se iba a a asociar una biblioteca de estudios compuesta no solo de las publicaciones del autor o del editor, sino también el conjunto de documentos relacionados con la recepción de la obra (archivos de prensa, trabajos universitarios, pruebas críticas, producción audiovisual).

Por desgracia, dicho proyecto, tan excelentemente  armado y que en su tiempo  pudo contar con ciertas expectativas de éxito, “cayó en el pozo sin fondo de las celebraciones del 2018 en Salamanca”, según comenta su iniciador[53].

Hoy en día, en España no existe, pues, “proyecto alguno que pretenda agrupar toda la documentación editorial con fines de investigación”, si bien, desde la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, el portal Editores y Editoriales Iberoamericanos (siglos XIX-XXI) - EDI-RED, al par que pretende “trazar el mapa de la edición literaria en castellano, catalán, euskera/vasco y gallego, así como en portugués, desde 1800 hasta la actualidad, ya sea en papel o en formato digital y en cualquier espacio geográfico”, “persigue concienciar acerca del valor patrimonial que poseen los archivos de la edición y las prácticas de sus profesionales[54]”.

En España, la necesidad de preservar y conservar la memoria cultural de la humanidad impulsadas por la UNESCO, aún no ha dado lugar a una iniciativa ambiciosa de conjunto, por lo que a la edición y al libro respecta. Sigue la cosa dependiendo de la buena voluntad de cada uno o del interés manifestado a ratos por alguna entidad oficial como pasó recientemente con el archivo de la agente literaria Carmen Balcells (1930-2015) : en 2010 y 2015, el Estado español ha conseguido comprar por 4.5 millones de euros en total, la casi totalidad de su archivo (unos 4.200 metros lineales) ahora depositado en el Archivo General de la Administración, en Alcalá de Henares. En Cataluña, donde según el consejero de cultura de la Generalitat, Ferran Mascarell[55], se están creando unos fondos editoriales en la Biblioteca de Catalunya, se han quedado los 50 000 libros de la biblioteca de Balcells adquiridos en 1994.


¿Será una fatalidad que la memoria y la historia de la edición española contemporánea se siga descuidando y que los futuros investigadores sigan careciendo de fuentes documentales ? Lo cierto es que, hasta la fecha, la creciente toma de conciencia por los propios editores del valor económico y cultural de su quehacer no ha permitido encontrar una solución satisfactoria: siguen dispersas unas fuentes que ampliamente rebasan las fronteras del territorio español y resulta bastante difícil para un editor catalán pensar en depositar su archivo en Salamanca. Es, pues, una asignatura pendiente.

Queda la pertinaz exigencia de los historiadores de la cultura escrita o impresa de que, como lo hizo José Miguel Delgado para la Rioja, se tenga en cuenta y rescate todo lo que de alguna manera permite reconstituir para la época contemporánea la actividad intelectual en España y en sus provincias o comunidades.









*botrel.j-f@orange.fr-http-  http://www.botrel-jean-francois.com/botrel-jean-francois

[1] Botrel, J.-F.  (2008). Libros y lectores en la España del siglo XX. Rennes : JFB, p. 3.

[2] Véase Botrel, Jean-François (1987). "Para una estadística bibliográfica de la España contemporánea. Reflexiones y sugerencias", pp. 105-113. En Varia bibliographica. Homenaje a José Simón Díaz. Kassel : Ed. Reichenberger. Cordón García, José Antonio (1997). El registro de la memoria : El depósito legal y las bibliografías nacionales. Gijón .

[3] Véase Botrel, Jean-François (2003). "La construcción de una nueva cultura del libro y del impreso en el siglo XIX". En  Martínez Martín, Jesús A.  (ed.), Orígenes culturales de la sociedad liberal (España siglo XIX), pp. 19-36. Madrid : Biblioteca Nueva/Editorial Complutense/Casa de Velázquez. Botrel, Jean-François (2003). "La construcción de una nueva cultura del libro y del impreso en el siglo XIX". En  Martínez Martín, Jesús A. (ed.), Orígenes culturales de la sociedad liberal (España siglo XIX), pp. 19-36. Madrid : Biblioteca Nueva/Editorial Complutense/Casa de Velázquez.

[4] Véase Martínez Martín, J . A. Vivir de la pluma : la profesionalización del escritor, 1836-1936 (2009). Madrid : Marcial Pons Historia ;  Sánchez García, Raquel (2008). El autor en España (1900-1936). Madrid : Fundamentos.

[5] Como los archivos de la Contribución industrial, del Registro mercantil, del Registro general de la propiedad intelectual, del Archivo histórico nacional, del Arxiu nacional de Catalunya (donde se conservan, por ejemplo, 11 cajas de archivos de la Cámara oficial del libro de Barcelona), la Biblioteca nacional de España, la Biblioteca nacional de Catalunya (donde se conservan el fondo de la Biblioteca Arús y, desde 2016, el archivo de la editorial Gustavo Gili, el Archivo de la Villa de Madrid y demás archivos municipales, pero también otras muchas bibliotecas en sus secciones de manuscritos. No se trata aquí de hacer un inventario exhaustivo : en Botrel (1988, 2004, 2005) se encontrarán algunas informaciones pertinentes al respecto y es de notar que la mayor parte de dichas instituciones ofrecen hoy en sus páginas web una descripción de sus fondos y  de su organización.

[6] Como es el caso del archivo Hernando, fundamentalmente  unos contratos utilizados en Botrel, 1993, 385-470. Desde aquel entonces, Pilar Antón ha venido enriqueciendo la documentación sobre esta casa editorial con vocación escolar predominante (véase  pilarantonpuebla.wixsite.com/editorial-hernando). El Archivo histórico de protocolos notariales de Madrid que para la historia de la edición madrileña es, sin duda alguna, la fuente más productiva (cf. Martínez Martín, J. A. (dir.) (2001). Historia de la edición en España (1836-1936). Madrid: Marcial Pons; (2015). Historia de la edición en España (1939-1975). Madrid: Marcial Pons) tiene no obstante el inconveniente (como otros archivos similares en las demás provincias españolas) de permitir el acceso a los documentos solo 100 años después de haber sido registrados, hasta 1917 en 2017, por consiguiente.

[7] Según Rafael Pérez de la Dehesa (Pérez de la Dehesa, Rafael (1969). “Editoriales e ingresos literarios a principios de siglo”. Revista de Occidente 71, nota 3),  “los archivos de Renacimiento y Pueyo pasaron a la CIAP en 1929, siendo vendidos al peso. El de Sempere-Prometeo fue destruido durante la guerra, y el de La España Moderna posteriormente”, lo cual, por lo que a  La España Moderna se refiere, no resulta del todo exacto (cf. Botrel, J.-F. (2010). “Para una España moderna : la labor editorial de Lázaro Galdiano”. En Yeves Andrés, Juan Antonio (ed.), José Lázaro, un navarro cosmopolita en Madrid. Madrid : Fundación Lázaro Galdiano, Gobierno de Navarra,  pp. 13-27).

[8] Cf. Sánchez Vigil, Juan Miguel (2005). CALPE. Paradigma editorial (1918-1925. Gijón : Trea, 2005.

[9] Conste que Hachette  sí se preocupó de conservar sus propios archivos, ahora depositados en el Institut de la Mémoire de l’Edition Contemporaine, cerca de Caen.

[10] Castellano, Philippe (2004). “El Libro de la cultura o cómo se intentó construir una representación de América latina”. En  Mémoire et culture en Amérique Latine. II. América. Cahiers du CRICCAL, n° 31. Paris : Presses de la Sorbonne Nouvelle, pp. 73-80 ; (2004). « México a través de los siglos. De la coedición a la autonomía editorial ». En  Ludec, N., Dubosquet-Lairys, F., Voces, J.-M. de las (ed.), Prensa, impresos y territorios. Centros y periferias en el mundo hispánico contemporáneo. Homenaje a Jacqueline Covo-Maurice. Bordeaux : Université Michel de Montaigne-Bordeaux 3, PILAR,  pp. 35-44 ; (2005). “La distribución de libros en vísperas de la Primera Guerra Mundial”. En Desvois, J.-M.  (ed.). Prensa, impresos, lectura en el mundo hispánico contemporáneo. Homenaje a Jean-François Botrel. Bordeaux : PILAR/Presses Universitaires de Bordeaux, pp. 97-108 ;  (2008); "La primera gran indústria del llibre: les editorials Espasa, Salvat i Montaner i Simón". En Vélez, Pilar (ed.), L'exaltació del llibre al Vuitcents. Art, indústria i consum a Barcelona. Barcelona : Biblioteca de Catalunya, Ajuntament de Barcelona, pp. 221-238.



[11] Véase, por ejemplo, Botrel, Jean-François (1974). "Sobre la condición de escritor en la España del siglo XIX : la constitución de la Asociación de Escritores y Artistas españoles (1872-1877)". En  Movimiento obrero, político y literatura en la España contemporánea. Madrid: Editorial Cuadernos para el Diálogo, pp. 179-221; (1978). "Juan Valera, directeur de El Centenario (1892-1894)". Bulletin Hispanique, LXXX, n° 1-2, juin 1978, pp. 71-87, o (2012). « Obreros de la inteligencia : diez cartas a la Asociación de Escritores y Artistas Españoles». En Ángeles Ezama et al. (coords.), Aún aprendo : estudios dedicados al profesor Leonardo Romero Tobar. Zaragoza: Prensas Universitarias de Zaragoza. pp. 525-535. ¿Seguirán conservándose en la misma sede de la Asociación a la que acudí para consultarlos cada jueves de 17 a 19 h, en 1972-1973 ?

[12] Botrel, J.-F. (2006). “El archivo personal de Sinesio Delgado”. En Seminario de archivos personales (Madrid, 26 a 28 de mayo de 2004). Madrid : Biblioteca Nacional, pp. 227-234.

[13] Si, por ejemplo, se puso remedio a la catastrófica situación de la biblioteca y posiblemente los archivos de la Fundación Sierra Pambley en León y si para el archivo Sinesio Delgado parece ser que se encontrado una solución satisfactoria, las vicisitudes del archivo Hernando nos aleccionan sobre la vulnerabilidad de tales fondos : los archivos que consulté en 1973 “desaparecieron” con la venta de la empresa en 1985.

[14]  Como el caso del legado bibliográfico Narciso Díaz de Escovar, conservado en el Museo de artes y costumbres populares de Málaga.

[15] Botrel, J.-F. (2005). “De la confrérie à l’association : la mémoire professionnelle des gens du livre en Espagne au XIXe siècle”. En La prosopographie des hommes du livre, Enssib, Lyon, 22-23 avril 2005. Bibliothèque numérique de l'École Nationale Supérieure des Sciences de l'Information et des Bibliothèques, http://www.enssib.fr/bibliotheque-numerique.

[16] Por ejemplo, para el siglo XIX, las publicadas por la Fundación José Lázaro Galdiano (Seminario, 2006, 239 y ss.) o las de Clarín a sus editores (Blanquat, Josette, Botrel, Jean-François (1981). Clarín y sus editores (65 cartas inéditas de Leopoldo Alas a Fernando Fe y Manuel Fernández Lasanta, 1884,-1893). Rennes : Université de Haute-Bretagne).

[17] Como en el caso de las colecciones semanales de novelas cortas eficazmente reconstituidas y descritas (véase Rivalan-Guégo, Christine (2005). “Cien años más tarde. Las colecciones literarias de gran divulgación y la cultura escrita en la España de principios del XX”. Cultura Escrita & Sociedad 5).

[18] Botrel, J.-F. (2004). “De la historia de la literatura a la historia cultural : ensayo de autohistoriografía”. Revista de historiografía 1, pp. 10-19.

[19] Cf. Botrel, J.-F.  (1970). La Sociedad de ediciones literarias Ollendorff (Contribution à l'étude de l'édition en langue espagnole, à Paris, au début du XXème siècle), Talence, Institut d'Études Ibériques et Ibéro-américaines.

[20] Lanquette, Anne (1999). Nouveaux discours narratifs dans l'Espagne postfranquiste. 1975-1995. Paris : L'Harmattan.

[21]  Las informaciones de que dispongo al respecto dependen, fundamentalmente, de la publicación de los resultados de las investigaciones llevadas a cabo, con motivo de tesis de doctorado que, menos en España que en Francia por cierto, se quedan semi-inéditas y, por ende, de aleatorio acceso.

[22] Véase la tesis de García Naharro (García Naharro, Fernando (2016). El papel de la ciencia. Publicaciones científicas y técnicas durante el franquismo (1939-1966). Tesis. Dir. Jesús A. Martínez Martín. Madrid : Universidad Complutense) quien, con mucho tino, ha sabido vaciar y aprovechar estas muy abundantes fuentes.

[23] Unos inventarios, sin pretensión a exhaustividad, pueden encontrarse en Botrel, J.-F. (2008). Libros y lectores… y (2015); « La cultura escrita en España (1833-1936): balance y perspectivas ». Revista Brasileira de História da Mídia 4, 2, pp. 11-23 (http://www.unicentro.br/rbhm/ed08/dossie/01.pdf).

[24]  En este importante estudio, profusamente ilustrado, redactado por un ex-documentalista de la casa Espasa-Calpe, parcialmente conocida ya a través de unos estudios sobre sus fundadores o actores, no se mencionan las fuentes utilizadas.

[25]  Véase la tesis de M. Baró Llambas (Baró Llambias, Mònica (2005). Les edicions infantils i juvenils de l'Editorial Joventut 1923-1969. Tesi Doctoral. Universitat de Barcelona.

[26] Martínez Rus, Ana (2007). "San León Librero": las empresas culturales de Sánchez Cuesta. Gijón : Trea.

[27]  Era, a finales de los años 2010, el tema de la tesis de David Escobar titulada Mémoire et édition pendant la transition démocratique espagnole : la collection” Espejo de España” des Editions Planeta de 1973 à 1978 (Univ. Bordeaux 3).

[28] Raillard, Edmond (1995). Les éditions Quaderns Crema et Simió: 15 années d'édition à Barcelone (1979-1994). Univ. Grenoble III. Esta tesis inédita de Edmond Raillard se benefició del libre acceso a los archivos del editor Jaume Vallcorba y de los testimonios de este.

[29]  Hasta los descendientes del importante editor madrileño Saturnino Calleja (1853-1915) se han enfrentado con la penuria de documentación (cf. Fernández de Córdoba y Calleja, Enrique (2006). Saturnino Calleja y su Editorial. Los cuentos de Calleja y mucho más. Madrid : Ed. de la Torre).

[30] Forment, Albert (2000). José Martínez : la epopeya de Ruedo Ibérico. Barcelona : Anagrama.

[31]  Sempere, Antonio (2003), Manuel Aguilar, mítico editor: síntesis de su biografía. Buenos Aires: Dunken ; José Blas de Ruiz, María (2012). Aguilar. Historia de una editorial y sus colecciones literarias en papel biblia (1923-1986). Madrid : Librería del Prado. En honor de Manuel Aguilar Muñoz se ha creado, en 2009, en Tuéjar (Valencia), el Museo del Libro Manuel Aguilar.

[32] Lago Carballo, Antonio (coord.) (2004). Taurus : cincuenta años de una editorial :1954-2004. Madrid : Taurus.

[33] Neira, Julio (2008). Manuel Altolaguirre, impresor y editor. Málaga : Universidad de Málaga/Publicaciones de la Residencia de Estudiantes.

[34] Gili, Mónica y Gabriel (eds.) (2013). Editorial Gustavo Gili. Una Historia. 1902-2012, Gustavo Gili, Barcelona, 2013 (edición no venal).

[35]  « Por alguna extraña razón, la edición contemporánea reviste una presencia fantasmal entre los rincones académicos »,  observa Cordón García, con motivo de un seminario sobre historia de la edición contemporánea, organizado en Salamanca por el Instituto de Historia del Libro y de la Lectura, más volcado hacia los siglos XVI-XVIII, posteriormente integrado en Cilengua, en el monasterio de San Millán de la Cogolla (Rioja) (Cordón García, José Antonio (2005). “La edición contemporánea en España : revisión bibliográfica”. Syntagma. Revista del Instituto de Historia del Libro y de la Lectura 1,  p. 138).

[36] Una expresión de dicha corriente puede encontrarse en tres revistas como Litterae y Syntagma, o Cultura Escrita & Sociedad, cuya publicación por desgracia se interrumpió, pero otras muchas revistas españolas de historia cultural o no (Cercles, Hispania, etc.) o de bibliofilia (Pliegos de Bibliofilia) obviamente ofrecen estudios sobre el libro y la edición.

[37] Llanas, Manuel (amb la col.laboració de Montse Ayats) (2004). L'edició a Catalunya: el segle XIX. Barcelona: Gremi d'Editors de Catalunya ;  L'edició a Catalunya: el segle XX (fins a 1939) (2005). Barcelona: Gremi d'Editors de Catalunya ; (amb la col.laboració de Montse Ayats) (2006). L’edició a Catalunya : el segle XX (1939-1975). Barcelona : Gremi d’editors de Catalunya ; Martínez Martín, J. A. (ed.) (2001). Historia de la edición en España (1836-1936). Madrid: Marcial Pons ; (2015), Historia de la edición en España (1939-1975). Madrid : Marcial Pons ; Infantes, Víctor, Lopez, François, Botrel, Jean-François (dir.), Historia de la edición y de la lectura en España 1472-1914, Madrid, Fundación Germán Sánchez Ruipérez, 2003 ; Botrel, J.-F. (2008). Libros y lectores…

[38] Cordón García, J. A. (2005). “ La edición contemporánea…”, p. 142.

[39]  Ibid.

[40] Aguilar Muñoz, Manuel (1964). Una experiencia editorial. Madrid: Aguilar.

[41]  Confesiones de una editora poco mentirosa, publicadas en 2005, por la responsable de Lumen, hija y madre de editores.

[42] Véase, por ejemplo, Delibes, Miguel, Vergés, Josep (2002). Correspondencia, 1948-1986. Barcelona: Destino.

[43] Véase, por ejemplo, Moret, Xavier (2002). Tiempo de editores. Historia de la edición en España, 1939-1975. Barcelona : Destino ; Vila-Sanjuán, Sergio (2003). Pasando página : Autores y editores en la España democrática. Madrid : Destino.

[44]  Esta asociación ( véase : http://www.museosdeescritores.com [consulta: 14  junio 2017]), ha publicado una revista, Poliédrica palabra-Polièdrica Päraula. Hitzt Poliedrikia (primer número en 2005; convertida en publicación virtual a partir de 2011), y editó, además una Guía de la ACAMFE  (3a edición en 2001),  unas Rutas literarias de la ACAMFE (A Coruña, 2006, 117 págs.). Anteriormente, en Las Palmas de G. C., se había publicado una Guía de museos y entidades dedicadas a escritores en España (s.f.).

[45]  A finales de los años 2000, solo en Galicia se contaban más de once, tres de ellas dedicadas a Ramón del Valle-Inclán.

[46]  Este es el caso de la Biblioteca Nacional de España donde, en el Deparamento de manuscritos, se conservan, donados o comprados, unos archivos de editores como el de Ruiz Castillo, de la Biblioteca Nacional de Catalunya donde se encuentra ahora la antigua Biblioteca Bergnes de las Casas y el archivo de la editorial Gustavo Gili, de la Biblioteca Valenciana, de la Biblioteca de Asturias Pérez de Ayala donde se ha instalado una sala dedicada al Leopoldo Alas “Clarín”, o de la  Biblioteca Nacional de Chile, donde en 1968 se creó un  “Archivo del escritor” (Seminario de archivos personales (Madrid, 26 a 28 de mayo de 2004) (2006). Madrid, Biblioteca Nacional, p. 381).

[47]  Como la Universidad Complutense donde se encuentra el Seminario-Archivo Rubén Darío  (Seminario de archivos…, pp. 235 et sq.), la Universidad de Navarra donde gracias a la pertinacia de un investigador (Carlos Mata Indurráin) se pudo reunir todo el archivo del escritor navarro que a finales del los años 1980 se encontraba disperso entre tres bisnietos (cf. Mata Induráin, Carlos (1995). Francisco Navarro Villoslada (1818-1895)  y sus novelas históricas. Pamplona : Gobierno de Navarra, pp. 485-545). 

[48] Por ejemplo, para todo el periodo franquista, los expedientes de censura, pudiendo haber sido destinados los libros que les sirvieron para el examen a algunas bibliotecas públicas (cf. Servén, Carmen (2002). “Sobre la recepción de Galdós y Alas durante el franquismo: la censura”. Anales Galdosianos (Kingston, Ontario, Canadá) XXXVII, pp. 13-31).

[49]  Una reunión de asociaciones similares de 17 países europeos se celebró en Berlín por invitación de la Arbeitsgemeinschaft Literrarischer Gesellsschaften und Gedenkstëtten.

[50] Este centro ofrece además unas copias microfilmadas de los archivos de Jorge Guillén, Pedro Salinas y Dámaso Alonso, por ejemplo.

[51] Martínez Rus, A. M. « San León »…

[52] Cordón García, José Antonio (2009), “Proyecto de archivo de la edición para la ciudad del libro y de la lectura” (documento comunicado por el autor a JFB). Sobre el IMEC, véase http://www.imec-archives.com.

[53] Mensaje electrónico de Juan Antonio López Cordón a JFB de 13 de junio de 2017.

[54] Véase http://www.cervantesvirtual.com/portales/editores_editoriales_iberoamericanos/

[55]  http://cultura.elpais.com/cultura/2015/09/22/actualidad/1442950780_244441.html [consulta: 14 junio 2017].