«Dámaso Alonso, entre maestría y creación»

en Rocío Barros Roel (ed.) ,  Cincuentenario de la Asociación Internacional de Hispanistas. A Coruña, del 11 al 13 de diciembre de 2012 , A Coruña, Universidade da Coruña, Servizo de Publicacións , 2014, pp. 41-55.

Dámaso Alonso, entre maestría y creación

 

 

Jean-François Botrel

Université Rennes 2-Haute-Bretagne

 

«Aprended Aldo de mí, lo que va de ayer a hoy,  que ayer maravilla fui y hoy sombra mía aún no soy…».

 

En 1962, cuando Dámaso Alonso fue elegido primer presidente de la Asociación Internacional de Hispanistas  (AIH)—y murió Marilyn Monroe—, tenía yo 20 años y estaba preparando una tesina sobre «Los años de aprendizaje de Leopoldo Alas Clarín» ; y en Madrid, cerca de la Hemeroteca Municipal donde investigaba, compré —luego intentaré explicar por qué— el libro de Dámaso Alonso y Carlos Bousoño Seis calas en la expresión literaria (Prosa-poesía-teatro), la 2a edición aumentada de 1956, publicada por la Editorial Gredos (me costó 90 pesetas), lo único que del maestro llegué a leer entonces[1], ya que en el currículum de los aprendices de hispanistas el conocimiento de la poesía contemporánea no pasaba de Machado y Lorca, y no me percaté de que la biblioteca del departamento de español de la Facultad de Letras de Rennes conservaba un ejemplar de Hijos de la ira (la edición de 1946 por Austral).

Desde aquel entonces nada he vuelto a leer de o sobre Dámaso Alonso; hasta que me encargaron esta comunicación sobre «Dámaso Alonso, entre maestría y creación», supongo que por presuntas afinidades célticas entre quien, aunque nacido en Madrid (en 1898), se consideraba como gallego de Ribadeo, y un hispanista bretón.

He aceptado este comprometido encargo porque la solemnidad del evento merecía que uno se esforzara y también porque, con cincuenta años de diferencia, podía resultar interesante y aleccionador —y hasta divertido— volver a ser estudiante y tratar de un tema impuesto, sin pretensión a conocer toda la obra de Dámaso Alonso ni toda la bibliografía al respecto[2].

Ahí va, pues, el resultado de mis investigaciones y disquisiciones de estudiante que, según la tradición francesa de la disertación, expondré en tres partes: 1. Dámaso Alonso y el hispanismo, 2. El maestro de la crítica,  3. Leer la poesía de Dámaso, acompañándolo con algunas imprescindibles imágenes.

      

Dámaso Alonso y el hispanismo

Para entender cómo Dámaso —así le llamaban, creo saber— llegó a ser el primer presidente de nuestra Asociación Internacional de Hispanistas, en 1962, es preciso recordar que, doce años antes, en 1950, se había fundado en Madrid, auspiciada por la Dirección General de Relaciones culturales del Ministerio de Asuntos Exteriores, una Asociación Internacional de Hispanismo[3], con unos cuantos socios fundadores[4],  y una revista, Clavileño, que tenía, dicho sea con palabras de Menéndez Pidal, el «propósito de auxiliar y enlazar, cuanto es posible, la acción de quienes se interesan por el estudio de la cultura hispana»[5]. Los 43 números conocidos fueron publicándose hasta 1957[6], bajo la dirección de Javier Conde, uno de «los (mal llamados en virtud de un oxímoron rechinante) «falangistas liberales»[7] quien era entonces director del Instituto de Estudios Políticos, «centro ideológico del nuevo régimen y punta de lanza del empeño de adaptar el autoritarismo a las nuevas corrientes politológicas», escribe también Mainer[8]. Esta publicación bimensual, ejemplarmente cuidada, copiosa de ilustración fotográfica, nada restrictiva en sus firmas, tupidamente impresa a dos columnas, un «modelo de actuación internacional»[9] no fue solo una maniobra de propaganda sino que, en opinión de Mainer[10], «contribuyó decisivamente al reconocimiento del verdadero canon moderno de las letras y estética españolas» y fue un hito en la construcción de una «cultura de Estado». Con otros universitarios, investigadores y creadores, de su Comité Científico formó parte Dámaso, sucesor en 1941 de Menéndez Pidal en su cátedra de la universidad Complutense, académico de la lengua y miembro de número de la Hispanic Society desde 1945; fue colaborador de la revista[11], donde también se publicaron reseñas de sus obras[12] o informaciones sobre él[13]. En Clavileño. Revista de la Asociación de Hispanismo Internacional, también se encuentran algunas colaboraciones de otros hispanistas que luego se implicaron en la vida de nuestra AIH[14]. (Ilust. 1)

¿Por qué salió Dámaso Alonso como presidente? Cuando se convocó el Congreso de Oxford, era embajador de España en Gran Bretaña el ex-director de Clavileño, Javier Conde, y por Alan Deyermond se sabe que «hubo que hacer frente a un problema diplomático enorme: el gobierno español se ofreció para patrocinar el congreso, pagar gran parte de los gastos y establecer una sede permanente en Madrid», con la negativa de los organizadores que decidieron que «mucho más segura (era) la mansa pobreza»[15]. Cuando se trató de eligir al presidente, según Rivers se dieron unas «soterradas rivalidades nacionales[16]». El primer presidente ¿sería el español Dámaso Alonso o el francés M. Bataillon?». A falta del maestro (Menéndez Pidal, con sus 94 años, fue nombrado presidente de honor), salió el discípulo y no otros poetas y escritores también presentes en Oxford[17],  y es que Dámaso Alonso, «tal vez porque cuando sus colegas sufrieron el exilio […] él siguió , no sin trabas y dolores, en su casa y cátedra de Madrid»,  ya había llegado a ser «no ya una autoridad respetada y premiada por muchos, sino una verdadera institución»[18]: «nada más natural y apropiado», pues, le escribe Rivers[19]. Ser presidente en aquel entonces, parece ser que era algo más bien honorífico, ya que, según consta por los documentos analizados por Mariano de la Campa,  el trabajo efectivo lo llevó Elías Rivers (lo haría durante 18 años) y no parece ser que haya vuelto Dámaso Alonso,  tal vez más ocupado en ser director de la Real Academia Española entre 1968 y 1982, a interesarse mucho por la AIH: en el II Congreso de Nimega organizado el Instituto Español de la Universidad Católica de Nimega por Jan Herman Terlingen, socio fundador de la primera Asociación de 1950, leerá su conferencia «Perspectivas del hispanismo», tan a menudo reproducida y citada,  pero no volverá, que yo sepa, a a participar en la vida de la AIH. Y la verdad es que, por lo que se ve y lee, suena poco en su biografía el que haya ejercido esta función de presidente de la AIH que a nosotros nos parece tan prestigiosa. Suena más, claro está,  su impronta en la evolución de las teorías literarias en España y dentro del hispanismo.

El maestro de la crítica

No voy a remontarme a los orígenes de la dedicación científica del maestro : sus estancias en Berlín (1921-3), en Cambridge (1924-1926 y 1928-29), luego en Estados Unidos y  Oxford (1931) y en Leipzig (1935-36), su temprana y pertinaz vocación gongorina, sus cursos de verano de Santander en 1934 sobre «Problemas de métodos de investigación linguística», su artículo de 1948 sobre «Una generación poética (1920-1936)» que vendrá  a ser «dogma de referencia»[20] o la publicación de Poesía española: Ensayo de métodos y límites estilísticos (Madrid, Gredos, 1950), «una de las joyas indiscutibles del ensayismo universitario de posguerra»[21].

Tampoco voy a hacer aquí la génesis y menos una valoración de la escuela de estilística española[22] — estilística, un «nombre feo», «una palabra que —lealmente— aborrezco», afirmará Dámaso[23]—, las influencias recibidas o cuestionadas, su  impronta en la filología española e hispanista : quien quiera saber de este aspecto lea a Manuel Alvar (La estilística de Dámaso Alonso (herencias e intuiciones), 1977), el capitulito didáctico que le dedica Francisco Abad Nebot[24], o las páginas que en Las ideas literarias le merece a José María Pozuelo «La escuela española de estilística», derivada del idealismo lingúistico italiano y alemán de Benedetto Croce y Karl Vossler (pero también de Saussure y Spitzer), donde señala «los límites de un proceso subjetivista y a menudo algo caprichoso que late en el fondo de sus mejores aciertos críticos y que termina en esa intuición totalizadora que tanto se parece al no sé qué que queda balbuciendo»[25]. Estas teorías construídas al hilo de la interpretación de textos literarios concretos se pueden interpretar como la reacción de un discípulo de Menéndez Pidal contra las «vastas necrópolis de datos» de las historias literarias influidas por el positivismo[26];  unas teorías construidas al hilo de su interpretación de textos literarios concretos : al asociar estética y lenguaje, le permitían estas teorías vincular su estudios de filólogo y lingüista con sus aficiones y práctica literarias : «la literatura era una parte de la lengua, y su análisis debía hacerse en tanto lenguaje». Por otra parte, permitía resolver la dualidad de forma y espíritu introduciendo «el estudio de la lengua de los autores como vehículos expresivos de una idiosincracia no necesariamente colectiva, sino personal»[27], desde una ciencia (Gelstat) literaria, pero a partir de la intuición del lector,  «el ciego y oscuro salto» de San Juan de la Cruz a que aludiera Dámaso[28], seguida por «la intuición selectiva del método de estudio».

Paso por alto su abundante producción científica anterior sobre Góngora, Bécquer, Juan de la Cruz, etc., inclusive Poesía española, ya mencionada, y llego a Seis calas en la expresión literaria[29], del que dijo Germán Bleiberg: «Rompe en este libro, Dámaso Alonso con el método de las preceptivas al uso, ofreciéndonos la posibilidad de llegar a una valoración estética por caminos muy distintos de los habituales»[30]. Fue aquella dimensión rompedora la que me sedujo cuando en 1962 llegué a leer Seis calas…, una ruptura con la historia de la literatura al uso entonces, con su mucha subjetividad y arbitrariedad ocultas detrás de una ciencia de cuño positivista, y la revelación de otras posibilidades de indagación de la obra literaria que no consistían precisamente en que «está escrito en quintillas o en ovillejos , ni en contar el argumento, ni en calificarla de «bella», o de «gallarda» o de «emocionante», o de… «interesante», o de… ¡ «sugerente» !», como escribe Dámaso[31].

Mucho me impresionó entonces aquella ambición por «sujetar a un sistema científico, explicar unitariamente dentro de un sistema científico, una parte de la expresión literaria»[32] , por abrir unos caminos que pueden llevar a una ciencia de la literatura»[33],  a un «conocimiento científico total de la obra literaria». Me fascinaron los esquemas  con trazas de ecuaciones como este aplicado a la representación del curso oratorio sacado de Fama Posthuma del doctor Felipe Godínez[34], prueba de que —«Quiero mostrar cómo», escribe Dámaso, quien estudió ingienería antes de dedicarse al derecho y a la filología—, «un gran sector de la materia literaria puede organizarse científicamente con absoluta coherencia, con la precisión de un sistema matemático»[35]. (Ilust. 2)

Me fijé menos en la perspectiva anhistórica, al afirmar  Dámaso (p. 81) que la «Historia de la Literatura no es igual a Ciencia de la Literatura», que «la Ciencia de la Literatura no será en sí misma una ciencia histórica» o que «la indagación y comprensión centífica de la expresión literaria de cualquier época están muy lejos y muy desinteresados de cualquier perspectiva histórica»[36].

Y tampoco me percaté entonces de los prudentes límites que el propio Dámaso ponía a su proyecto: «Toda la Geometría puede salir de una sola postulación a priori. Nada parecido será el panorama de la Ciencia de la Literatura si alguna vez se constituye», escribía[37] .

 Lo cierto es que no puse por obra los métodos de análisis «muy poderosos» ejercidos sobre zonas vitales de la estructura literaria como él recomendaba.

 No cuesta mucho imaginar el efecto que produciría en la España de los años 50, la irrupción de tan inconformistas propuestas, inclusive en su dimensión visual: valga como ejemplo esta página de Clavileño correspondiente a la segunda cala sobre «Teoría de los conjuntos semejantes (en la expresión literaria)»[38] donde Dámaso somete a «una formulación general  y única una serie de fenómenos estéticos que siempre han sido considerados como independientes», «lo aparentemente disperso a una rigurosa ley general», y viene lo de la «vinculación unitaria», de los «conjuntos semejantes» y de las fórmulas matemáticas , aplicadas a la traducción por Caramuel en cuatro versetes de un dístico malamente atribuido a veces a Virgilio,  un soneto de Veniero traducido probablemente por el Broscence y otro de Góngora («Ni en este monte, este aire, ni este río/corre fiera, vuela ave, pece nada») que redundan en la siguiente fórmula general del poema correlativo[39] ( (Ilust. 3).

Permite percibir cómo iba cobrando cuerpo la flamante y necesaria Ciencia de la Literatura, puesto que a la única pregunta científica sobre materia literaria:  ¿qué es un poema…, este poema», no puede contestar la historia de la literatura que «apresurada como sus mismos siglos, ni siquiera tiene tiempo para meterse en estos berenjenales», ni la crítica «que es un arte». «Resolver este problema es el objeto de una ciencia todavía inexistente […] pero que ya casi la sentimos fraguar: la Ciencia de la Literatura». No prescindirá esta Ciencia de la Retórica y sus clasificaciones, pues «en cada momento de nuestro avance nos está dando tironazos, toques de atención hacia mil pormenores y perspectivas», pero habá de romper con «el uso indiscriminado de esa herramienta oxidada», y también con «los prejuicios historicistas». Y viene, por fin,  la declaración programática, ya citada: «Quiero mostrar en estas líneas como un gran sector de la materia literaria puede organizarse científicamente con absoluta coherencia, con la precisión de un sistema matemático»: la utopía de un «inmenso campo literario reducido a riguroso sistema[40]».

Como escribe Claudio Guillén, Dámaso, «heredero de aquella Wissenchaft germánica que de tanta ascendencia disfrutó hasta al menos el final de los años 30, creía en la ciencia, buscaba la ciencia, quería hacer ciencia[41]».

Esta novedosa y casi revolucionaria maestría de Dámaso Alonso quedó obviamente reforzada por la posición editorial que él rápidamente llegó a ocupar, con la dirección de la Biblioteca Románica Hispánica en la que se publicaron muchos textos seminales, suyos y ajenos, una colección que será crucial durante décadas de filología española[42].

Pero quisiera recalcar otro aspecto, menos tenido en cuenta en los estudios sobre esta maestría, me parece,  y es su relación íntima e intensa con lo que se llama la oralidad culta y la trascendencia de esta en la obra de creación académica —valga el solo aparente oxímoron—. A través de sus clases y más aún de las conferencias que leyó («conferencia, conferenciante, he aquí otras palabras aborrecibles, que el horrendo trágala de la superficialidad moderna nos obliga a aceptar»[43], llega a afirmar), es como muchos de sus libros se fueron elaborando[44], y por ende tuvieron una primera forma oral de la que se pueden rastrear muchas huellas que no quiso o no se cuidó su autor de de borrar en el texto impreso. No he podido encontrar grabación alguna  de esas conferencias, así que los que no hemos presenciado sus performancias docentes, hemos de interpretar dichos indicios para imaginar  su figura de hombre bajito[45],  rechoncho y  casi calvo, con gafas y bigotillo y dicen que zumbón, así como la «elegante retórica que todos le conocíamos[46]», su propia poética del gesto. (Ilust. 4)

Leer la poesía de Dámaso

 En el mismo libro Seis calas… aplicó Carlo Bousoño a la otra faceta de Dámaso, al Dámaso poeta, muy concretamente a Hijos de la ira —posiblemente el libro de poesías más conocido de Dámaso—, el método inspirado por la ciencia estilística, fijándose en la correlación en el verso libre de Dámaso Alonso como elemento fortificador de la estructura poemática que impide el derrumbamiento de esta «fuerte barra de hierro que mantiene derecho el organismo del poema», escribe Carlos Bousoño[47]. Y se dedica (pp. 273-4) a «realizar con claridad el análisis del trozo poemático de «El último Caín» (15 versículos), que puede resumirse con la «complicada fórmula»: (Ilust. 5) 

Confieso que al método científico que tanto me sedujo en 1962, prefiero hoy atenerme a otra prescripción de Dámaso, cuando dice en Poesía española[48], que «las obras literarias han sido escritas para un ser tierno, inocentísimo y profundamente interesante: “el lector”», insistiendo sobre el que «la intuición del lector es insustituible» y recomendando «que nada se interponga —si es posible— entre el lector y la obra[49]». Así, pues, me limitaré a dar cuenta superficial de lo que en este lector produjo la lectura de Hijos de la ira[50],  prescindiendo de la poesía anterior o posterior y de lo que la abundante crítica (tradicional) —la intuición científica vs la artística, para decirlo con palabras del poeta—pudo escribir sobre el tremendismo,  la poesía existencial, o la rehumanización de la poesía.

Como lector «inocentísimo», pues, he leído para esta disertación los 26 poemas de que consta la colección. He buscado en el diccionario el sentido de «maretazos», «salsero», «vaharientas (vacas de la tarde)», «carlancas»,  «híspidas», «macillos», «somorgujar», «(niños) cillanes», «soturna». En este «Diario íntimo», he compadecido la poca autoestima de un poeta («acomplejado por su figura», según Alberti en La arboleda perdida) que se desprende de una recurrente y punzante autorrepresentación (como si de un otro que es uno mismo se tratara) : el «pobre Dámaso» (pág. 161),  el «Dámaso frenético» (pág. 82), con sus 45 años (págs. 61, 144) y «80 kilos de miseria orgánica «(pág. 166),  «odre de putrefacción» (pág. 151) «saco de hierba seca» (págs. 27, 28), «afligido por los primeros manotazos del súbito orangután pardo de (su) vejez» (pág. 163), con su entorno de  pus (pág. 155), podredumbre, estiércol, y la compañía del moscardón azul o verde, «pobre ser, igual, igual tú y yo»,  y esta advertencia de un como lacerado de la poesía: «Si vais por la carretera del arrabal, apartaos, no os inficione mi pestilencia». Me han impactado esas anhelantes deprecaciones no respondidas, no correspondidas, dirigidas a Dios, a la Virgen María, a la madre, a la querida amiga o a la terca niña, pero también a los hombres, a Caín, al árbol, a un moscardón azul, a Pizca (un perro), a los difuntos, a las raíces «hijas de la ira» (p. 137), a las sombras negras, a la bestia. Me han llamado la atención unas fórmulas como  «el camión gris de la muerte» (pág. 43), «muertos inmortales» (pág. 30)  o «esta necesidad de ser futuros que llaman vida» (pág. 77), el conceptismo de cuño gongoriano[51] o unas cancioncillas  como «¡Ay, terca niña !/Le dices que no al viento,/ a la niebla y al agua:/rajas el viento,/partes la niebla, / hiendes el agua» (pág. 47 ) ; aquellos crescendos y finales de «La obsesión» (pág. 103), «Raíces del odio» (pág. 139), «Elegía a un moscardón azul» (p.78) o «En la sombra» (pág. 98), o aquella submersión en «la niñez antigua» :  las aguas que tiene que «remontar hasta casi la fuente»  (pág. 85), para, de pasada, encontrarse con la «pesadilla grotesca» o la «broma soturna» del

tristísimo pedagogo, más o menos ilustre,

ese ridículo y enlevitado señor,

subido en una tarima en la mañana de primavera,

con los dedos manchados de la más bella tiza,

ese monstruo, ese jayán pardo,

vesánico estrujador de cerebros juveniles,

dedicado a atornillar purulentos fonemas

en las augustas frentes imperforables,

de adolescentes poetas, posados ante él,

como estorninos en los alambres de telégrafo,

y en las mejillas en flor

de dulces muchachitas con fragancia de narciso,

como nubes rosadas

que leyeran a Pérez y Pérez  (pág. 27).

Y por supuesto no he dejado de sentir que los versículos que acompañan ese «torrente de turbias visiones del mundo y negras consideraciones de sí mismo […] expuestas con los medios de expresión verbal más directos y contundentes», como las califica en Arriba (n° 8, julio 1944) José María de Cossío, citado por Ferreres[52], eran los de una poesía como primitiva, casi bíblica[53] ; que ese libro de protesta cuando nadie protestaba», de protesta casi «cósmica», remitía al específico contexto de la Guerra civil y de la segunda Guerra mundial y podían haber tenido una función catártica[54], no solo para un Dámaso «lleno de asco ante la extrema injusticia del mundo y la total desilusión de ser hombre[55]».

La impronta «alonsina»

 El encargo que se me ha hecho  («Dámaso Alonso entre  maestría y creación», una dualidad acuñada por la crítica para aquel hombre que se autocalificaba de «vacilante[56]»),  no creo que incluya hacer un balance de la obra «alonsina», de su impronta y permanencia en el hispanismo desde el canon literario y académico[57]. Baste, pues, con citar lo que Claudio Guillén escribió en 2003 para el Boletín de la AIH, sobre el que, ya en 1927, era «el maestro de todos, el que más sabía, es decir, el que como ningún otro aproximaba el saber a la creación, la crítica a la poesía»,  el que a propósito de Góngora «elevó (…) la lectura y crítica de poesía a un nivel de altura apenas concebible, cuyo  talento era «un  multitalento, un pluritalento, emprendedor en tantas direcciones y de tantos rumbos», con «esas lecturas, esas lecciones excepcionales en que el hombre de ciencia en Dámaso luchaba con el crítico y el poeta, entre congojas y efusiones, sin acabar de conseguir la conciliación que él buscaba, la confluencia de sus inclinaciones, la paz entre las exigencias, las querencias tan dispares que movían su sensibilidad y su inteligencia»[58].

Por lo que a mí toca, —y perdonen tan prosaico final, pero en una disertación no se puede acabar con una cita— 50 años después de haber descubierto con el interés que conté las propuestas casi matemáticas de la «ciencia literaria» secundum Dámaso, me doy cuenta de que, sin saberlo[59], he ido siguiendo otra recomendación que, con igual sinceridad y convencimiento pero no desde el mismo credo científico, hiciera el maestro al interpelar en una inesperada conclusión de su plenaria del congreso fundacional de Oxford sobre «Algunas novedades para la biografía de Góngora»[60], a los investigadores, «compañeros en el hispanismo» :

 ¿No creen ustedes que tenemos un poco abandonada la investigación en archivos? Hablo ahora no a todos los hispanistas, sino sólo a aquellos que como yo se dedican a la investigación literaria. Yo creo que el único núcleo verdadero de la investigación literaria es el conocimiento de la obra misma, el descubrimiento de la ley interna que produce esa unicidad, esa maravilla única: la obra literaria o, en general,  la obra de arte. Todo lo demás son auxiliares: el estudio de las fuentes, la bibliografía, la biografía, el estudio de las producciones literarias fracasadas, de la obra de los autores de tercera fila, la biografía. Todo es auxiliar para lo principal. Pero entre estos elementos auxiliares me parece que no está ahora muy en boga la investigación en archivos […]. Yo quisiera que las nuevas oleadas de hispanistas no olvidaran este tipo de trabajos […]. Los meros historiadores son los que más los usan.  Pero cuántas noticias encierran preciosas para la historia de la literatura, cómo se reconstruye en los archivos la delicada trama del pasado, y con cuánta generosidad recompensan nuestro esfuerzo[61] .

Lo decía en 1962.

Desde aquel entonces, de la mano de Dámaso Alonso, y de algunos más, parafraseando la conclusión del primer presidente de la AIH en su alocución de Nimega «Perspectivas del hispanismo actual», me he ido internando, como infante más que como caballero, eso sí, en la selva milagrera de los archivos, de las ciencias auxiliares y de la cultura hispánica que me han dado —y a muchos más—, una tras otra, muchas y «estupendas aventuras», como pudo ser preparar y redactar esta comunicación y, posiblemente, última disertación.

 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

 

Abad Nebot, Francisco, Introducción a la historia de las doctrinas literarias en España, Madrid, UNED, 2004.

Alonso, Dámaso  «Teoría de los conjuntos semejantes (en la expresión literaria)», Clavileño,  7, En.-Feb. 1951, págs. 23-32.

————, Poesía española. Ensayos de métodos y límites estilísticos, 3a ed., Madrid, Gredos, 1957.

————, «Algunas novedades para la biografía de Góngora»,  Actas del Primer Congreso Internacional de Hispanistas celebrado en Oxford del 6 al 11 de septiembre de 1962 publicadas bajo la dirección de F. Pierce y C. A. Jones , Oxford, The Dolfin Book, 1964, págs. 25-46.

————, «Perspectivas del hispanismo actual», Actas del Segundo Congreso Internacional de Hispanistas, celebrado en Nijmegen del 20 al 25 de agosto de 1965, Holanda, Instituto Español de la Universidad de Nimega, 1967, pp. 17-23, (reed. en Boletín de la Asociación Internacional de Hispanistas 9/02, 2003, págs. 43-46).

------------, Bousoño, Carlos,  Seis calas en la expresión literaria española (Prosa-Poesía-Teatro), 2a edición, aumentada, Madrid, Gredos, 1956.

Alvar, Manuel, La estilística de Dámaso Alonso (Herencias e intuiciones), Salamanca, Universidad, 1977.

Botrel, Jean-François, «De la historia de la literatura a la historia cultural: ensayo de autohistoriografía», Revista de historiografía, 1, 2004, págs. 10-19.

Campa Gutiérrez, Mariano de la, «Los primeros congresos de la AIH según la correspondencia conservada en el Fondo Documental Dámaso Alonso de la Real Academia Española», Memoria de la Asociación Internacional de Hispanistas 1962-2003, Boletín de la AIH.Anejo/1, 2004, págs. 39-53.

Cossío, José María de, «Una poesía antigua», Arriba, Madrid, 8, julio 1944.

Díaz Hernández, Onésimo,   Rafael Calvo Serer y el grupo Arbor, Valencia, Universitat de València,  2011.

Ferreres, Rafael, Aproximación a la poesía de Dámaso Alonso, Valencia, Ed. Bello, 1977.

Guillén, Claudio, «Con Dámaso Alonso», Boletín de la AIH, 9/02, 2003, págs. 29-30.

Mainer, José-Carlos, «Clavileño (1950-1957): cultura de Estado bajo el franquismo»,  Bulletin Hispanique,  104-2, 2002, págs. 941-963.

Pierce, Franck, «Asociación Internacional de Hispanistas. Fundación e Historia 1962-1986»,  Homenaje al IX Congreso de la Asociación Internacional de Hispanistas en el Instituto Iberoamericano del Patrimonio Cultural Prusiano, Berlín, 18-23 de agosto de 1986, (reproducido en Memoria de la Asociación Internacional de Hispanistas (1962-2003), Boletín de la AIH, anejo/1, Soria, Asociación Internacional de Hispanistas/Fundación Duques de Soria, 2004, págs.  8-19.

Pozuelo, José María, Las ideas literarias. 1214-2010, Madrid, Crítica, 2011.

Salaün, Serge, «Critique nationale et révisionnisme (les années 20 vues des années 40 et 50)», en Augustin Redondo (dir.), Les représentations de l’Autre dans l’espace ibérique et ibéro-américain, Paris, Presses de la Sorbonne Nouvelle, 1993, págs. 211-219.

Siebenmann, Gustav, «Recuerdos de Nimega», Boletín de la Asociación Internacional de Hispanistas, 9/02, 2003, págs. 40-41.

Soler Serrano, Joaquín, A fondo, entrevistas  celebradas con D. Alonso entre 1976 y 1981, (http://afondo-entrevistas-soler-serrano.blogspot.fr/2012/08/damaso-alonso-entrevista-en-fondo-por.html).

Felipe Vivanco, Luis, Introducción a la poesía española contemporánea, Madrid, Guadarrama, 1957.


Notas

[1] Posiblemente también leí Poesía española. Ensayo de métodos y límites, comprado en Gijón, en 1961 (por 150 pesetas): sus páginas están abiertas pero no llevan anotaciones.

[2] Con respecto a la manera de documentarse en los años 1960, quiero dejar constancia de las facilidades de que dispone este estudiante de 2012: las bases de datos, la Web, el propio Rincón del Vago son solución para muchas dudas que no hubiera podido resolver el Manuel de l’hispanisant de Fouché-Delbosc  y Barrau-Dihigo de que disponía entonces…

 

[3] Esta primera AIH, merecería una investigación propia ya que, como escribe Franck Pierce (2004, 8), «nos constan pocos datos certeros acerca de esta anterior AIH. Parece que el Instituto de Cultura Hispánica con sede en Madrid tenía la ambición de organizar a los hispanistas internacionales en dicha Asociación, cosa que por evidentes motivos políticos no fue el caso sino muy minoritariamente». Cuenta Onésimo Díaz Hernández (Rafael Calvo Serer y el grupo Arbor, 2011) que a finales de 1949, Cañal había convocado a Calvo Serer (del Opus Dei) y a varias personas para tratar del proyecto de una  nueva revista, concebida como instrumento de difusión de la cultura española en el extranjero, pero el 2 de junio 1950, Calvo Serer le escribe a Albareda que «el resultado ha sido que se ha puesto en marcha la Asociación Internacional de Hispanistas dirigida por Javier Conde […] mientras el Anuario del hispanismo está en pruebas por no haber recibido ninguna consignación, ya que están en la calle los números de Clavileño » (Onésimo Díaz Hernández, Rafael Calvo Serer…, pág. 258). La Asociación no fue admitida en la FILLM y en 1959, «ya no tenía vida activa » (Franck Pierce, «La Asociación Internacional… », pág. 8).

[4] Francisco Javier Conde (España), Secretario ; Arturo Farinelli (Italia) + ; Giovanni Maria Bertini (Italia) ; C. F. Adolfo van Dam (Holanda) ; B. E. Vidos (Holanda) ; J. A. van Praag (Holanda) ; Henry Thomas (Inglaterra) ; Barroso (Brasil) ; Osvaldo Orico (Brasil) ; Jean Babelon (Francia) ; Alois Rückli (Suiza) ; Leslie B. Walton ; Pergrino Junior (Italia) ; Joaquín de Entambasaguas (España) ; Rafael Fernández Quintanilla (España) ; William Berrien (Estados Unbidos) ; J. H. Terlingen (Holanda) ; Robert Ricard (Francia) ; Michele Federico Sciacca (Italia) ; Camilo Guerrieri Crocetti (Italia) ; Walter Starkie (Inglaterra) ; J. Manson (Inglaterra). Sección de relaciones: Ramón Borrás Prim (España).

[5] Clavileño, n° 1, en.-feb. 1950, p. 1.

[6] Año en que por primera vez se discute en el Comité de la Asociación de Hispanistas de Gran Bretaña e Irlanda (AHGBI) la propuesta de crear una asociación internacional (Franck Pierce, «La Asociación Internacional… », pág. 8).

[7] José Carlos Mainer, «Clavileño (1950-1957): cultura de Estado bajo el franquismo »,  Bulletin Hispanique , 104-2 , 2002, pág. 946.

[8] José Carlos Mainer, «Clavileño… », ibíd.

[9] José Carlos Mainer, «Clavileño… », pág.  947.

[10] José Carlos Mainer, «Clavileño… »,  pág. 952 y 963.

[11] Con artículos como «Teoría de los conjuntos semejantes (en la expresión literaria) » (Clavileño, n° 7, en.-feb. 1951, págs. 23-32),  «Cuatro días con Pedro Salinas » (11, sept-oct 1951) o una  reseña  de El porqué de los dichos de José Ma Iribarren (1955).

[12] De  Poesía española : Ensayo de métodos y límites estilísticos (M, Gredos, 1950), por Manuel Muñoz Cortés (Clavileño, 8, 1951, págs. 41-45), de Seis calas por Germán Bleiberg, de Hombre y Dios por el mismo Bleiberg, etc.

[13] Por ejemplo que ha dictado un curso de conferencias en el Instituto de Humanidades de Madrid sobre Métodos estilísticos (n° 5), o que Dámaso Alonso y Emilio García Gómez han sido nombrados Doctor Honoris Causa por la universidad de Burdeos «noticia que pone una vez más de manifiesto el alto prestigio que ha adquirido la investigación española entre los estudiosos extranjeros », escribe Clavileño (p. 77).

[14] Como Allison Peers («Don Antonio Alcalá Galiano en Inglaterra », en el n° 3), A. Irvine Watton (Trinity College),  Richard J. A. Kerr (Southampton), Marcelin Desfourneaux (n° 5), Elías L. Rivers («Archer M. Huntington y el hispanismo norteamericano », en el n° 37, de En. Feb., 1956), Gino L. Rizzo, Michele Federico Sciacca (socio fundador), Kurt Pietschmann; Jan Herman Terligen, socio fundador y futuro organizador del II Congreso de Nimega, etc.  Clavileño también tenía secciones fijas : «Estafeta del hispanismo » (donde se informa, por ejemplo (nov. dic. 1950, p. 78), de la «constitución de una Asociación germanoespañola en Munich por iniciativa del doctor H. J. Hueffer que fue consejero de Embajada en la del Reich alemán en Madrid y conocido hispanista de la universidad de Munich ») y «Bibliografía de temas hispánicos ».

[15] Mariano de la Campa, «Los primeros congresos de la AIH según la correspondencia conservada en el Fondo Documental Dámaso Alonso de la Real Academia Española », en Memoria de la Asociación Internacional de Hispanistas 1962-2003, Boletín de la AIH. Anejo/1, 2004, pág. 40.

[16] Mariano de la Campa, «Los primeros congresos… », págs. 39-53.

[17] Véase la edición facsímil del programa de este Primer Congreso Internacional de Hispanistas, con las firmas de la mayoría de los presentes recogidas por Francisco Aguilar Piñal, impreso, en 2007, por la AIH y la Fundación Duques de Soria. Una posible coda a los debates que se dieron entonces, se puede encontrar en las Actas del  III Congreso (p. XXII), con palabras del prudente pero terminante Marcel Bataillon, presidente elegido en el siguiente congreso;  «nuestra terminología prefiere a la palabra hispanidad (cuya formación femenina hace pensar en una patria común con tendencia al unitarismo) el neutro hispánico entendido como comprensivo de tantas «moradas » concretas que incluimos en nuestra inmensa Hispania ».

[18] Claudio Guillén,  «Con Dámaso Alonso… », Boletín de la AIH, 9/02, 2003, pág. 30.

[19] Mariano de la Campa, «Los primeros congresos… », pág. 41.

[20] Serge Salaün,  «Critique nationale et révisionnisme (les années 20 vues des années 40 et 50) », en Augustin Redondo (dir.), Les représentations de l’Autre dans l’espace ibérique et ibéro-américain, Paris, Presses de la Sorbonne Nouvelle, 1993, págs. 214.

[21] José Carlos Mainer, «Clavileño… », pág. 962.

[22]Aunque a partir de 1927 ejerció en Argentina, en dicha escuela se suele incluir a Amado Alonso.

[23] Dámaso Alonso, Poesía española. Ensayos de métodos y límites estilísticos. 3a ed., Madrid, Gredos, 1957, págs. 10 y 11)

[24] Francisco Abad Nebot, Introducción a la historia de las doctrinas literarias en España, Madrid, UNED, 2004. págs. 243-245)

[25] José María Pozuelo, Las ideas literarias. 1214-2010, Madrid, Crítica, 2011, pág. 619.

[26] José María Pozuelo, Las ideas literarias…,  pág. 612. 

[27] José María Pozuelo, Las ideas literarias…, ibíd.

[28] Dámaso Alonso, Poesía española…, pág. 12.

[29] 2a ed. aumentada, publicada en 1956. La 1a se publicó en 1951; la 3a en 1963; la 4a en 1979.

[30] Clavileño, 1951, n° 11, 70-71) 

[31] Dámaso Alonso, Carlos Bousoño, Seis calas en la expresión literaria española (Prosa-Poesía-Teatro. 2a edición, aumentada, Madrid, Gredos, 1956, pág. 12.

[32] Dámaso Alonso, Carlos Bousoño, Seis calas…, pág. 11.

[33] Dámaso Alonso, Carlos Bousoño, Seis calas…,. pág. 12.

[34] Dámaso Alonso, Carlos Bousoño, Seis calas…, pág. 40.

[35] Dámaso Alonso, «Teoría de los conjuntos semejantes (en la expresión literaria) », Clavileño,  n° 7, En.-Feb. 1951, pág. 23b.

[36] Dámaso Alonso, Carlos Bousoño, Seis calas…,  págs. 81 y 17.

[37] Dámaso Alonso, Carlos Bousoño, Seis calas..,  pág. 80.

[38] Dámaso Alonso,  «Teoría de los conjuntos… », pág. 25.

[39] Dámaso Alonso, «Teoría de los conjuntos… », pág. 25.)

[40] Dámaso Alonso, «Teoría de los conjuntos… », págs. 23a, 24a, 23b, 32b.

[41] Claudio Guillén, «Con Dámaso Alonso… », pág.  29.

[42] En esta colección de la Editorial Gredos (fundada en 1944), los dos primeros títulos publicados por Dámaso fueron La fragmentación lingüística de la Romania de W. von Wartburg (trad. del alemán por Muñoz Cortés y  Teoría literaria de René Wellek y Austin Warren, en 1949.

[43] Dámaso Alonso, Poesía española…, pág.14.

[44] Poesía española, por ejemplo, fue elaborado a partir de un «curso de conferencias » desarrollado en Argentina, Chile, Lima, Bogotá, el Colegio de México en 1948 y en 1949-50 en el Instituto de Humanidades Ortega y Gasset.

[45] Véase, por ejemplo, la emblemática  y omnipresente foto de 1927 en el tricentenario de Góngora celebrado en Sevilla donde Dámaso está retratado entre Bergamín y Gerardo Diego.

[46] Gustav Siebenmann, «Recuerdos de Nimega », Boletín de la Asociación Internacional de Hispanistas 9/02, 2003, pág. 40.

[47] Dámaso Alonso, Carlos Bousoño, Seis calas…,  pág. 269.

[48]Dámaso Alonso, Poesía española, pág. 37.

[49] Dámaso Alonso, Poesía española, págs. 44-45.

[50] La primera edición es de 1944; cito por la segunda de 1946 («primera edición popular impresa en Buenos Aires el 11 de mayo de 1946 para Colección Austral de Espasa Calpe n° 595 »), la que conserva la biblioteca de mi departamento.

[51] «¡Ay, yo no soy,/yo no seré/Hasta que sea/como vosotros, muertos ! » (pág. 25); «¡Oh si pudiera ahora/darte otra vez la vida, yo que te di la muerte ! » (pág. 78); «Ves, la luna recuerda/ahora que extiende como el ala tórpida/de un murciélago blanco/su álgida mano de lechosa lluvia./Esparcidos lingotes de descarnada plata,/los huesos de tus víctimas/son la sola cosecha de este campo tristísimo » ( pág. 54).

[52] Rafael Ferreres, Aproximación a la poesía de Dámaso Alonso, Valencia, Ed. Bello, 1977, pág. 187.

[53] «Es una poesía que nos da la sensación de primitiva, hermana de la más antigua que conmoviera a la humanidad », escribe Luis Felipe Vivanco (Introducción a la poesía española contemporánea, Madrid, Guadarrama, 1957), y según José María de Cossío («Una poesía antigua », Arriba, Madrid, n° 8, julio 1944) « tiene el carácter de bíblica ».

[54] «Tenía que cantar estos poemas para sanarme » dijo Dámaso, a propósito de Hijos de la ira.

[55] Joaquín Soler Serrano, A fondo, entrevistas  celebradas con Dámaso Alonso entre 1976 y 1981, (http://afondo-entrevistas-soler-serrano.blogspot.fr/2012/08/damaso-alonso-entrevista-en-fondo-por.html).

[56] «yo me definiría como un hombre vacilante », declara Dámaso en algún momento de «A fondo » (Soler Serrano, A fondo).

[57] Un rápido examen de las Actas de Nimega y México permite observar que, en aquel entonces, en el hispanismo internacional aún predominan  la historia de la literatura y la filología tradicional. En las Actas del II Congreso (1965), unas referencias al método y a la obra alonsinas, se pueden encontrar en el estudio de Ermanno Caldera sobre «En torno a las tres primeras estrofas del Polifemo » (donde se refiere a La lengua poética de Góngora, a «Monstruosidad y belleza en el Polifemo de Góngora » y a la 4a ed de Góngora y el Polifemo) y en el de  Germán Orduna, sobre «La introducción a los Milagros de  Nuestra Señora », donde utiliza  «el análisis estructural aplicado a la comprensión de la intencionalidad de un texto literario », con,  p. 456, un  esquema estructural muy alonsino ; pero donde más se ve y siente la influencia de la estilística según D. Alonso es en el estudio de Antonio Sánchez Romeralo (Univ. of Wisconsin) «Sobre el estilo de la lírica tradicional española en los siglo XV y XVI » (págs. 551-562),  con el manejo de los términos de «sintaxis trabada » y «sintaxis suelta «empleados por Dámaso Alonso para aludir a dos tipos de «andaduras estilísticas » y una referencia a Problemas y métodos de lingüística de Walter von Wartburg traducido (con E. Lorenzo)  y anotado por D. Alonso y publicado en Gredos en 1951 (p. 562). En las Actas del III Congreso de México (1968), si la lingûística tiene una muy buena representación, en el estudio de la poesía lírica de Borges, de la de Juan Ramón o José Gorostiza, de la poesía popular mejicana, de la lírica medieval (por Margit Frenk), de los romances españoles en la tradición cubana o de la literatura popular del Nordeste no se percibe ya la impronta de la estilística, pero sí la de  la crítica genética («La elaboración de la cebolla » por Robert D. F. Spring Mill sobre la Oda a la cebolla de Neruda) y  en su estudio titulado «Metodología e historia »,  dedicado a la obra de M. Pidal (págs. 823-830) afirma Kurt Schnelle de la Univ. Karl Marx de Leipzig  que «ninguna forma de literatura puede comprenderse por su expresión propia ». En cuanto en la obra poética de Dámaso, se puede observar que algunos poemas como «Insomnio », «Mujer con alcuza » («Oh, sí, la conozco/Esta mujer yo la conozco: ha venido en un tren/en un tren muy largo… »), «A la Virgen María », siguen vivos en la memoria de la Web (como en «Vivir poesía ») y, en 2007, se publicó en Austral la 17a edición de Hijos de la ira, con guía de lectura de Fanny Rubio;  pero la última edición de Oscura noticia. Hombre y Dios (la 3a) se remonta a 1991.  La obra de Dámaso cuenta con una abundante bibliografía, algunos materiales de su archivo han sido publicados en Analecta malacitana y otros van siendo ordenados por Mariano de la Campa, la obra completa de Dámaso Alonso ha sido recogida en los 10 volúmenes publicados por Gredos entre 1972 y 1993, pero, hoy, dentro del hispanismo,  posiblemente quede ante todo asociado el nombre de Dámaso con la crítica gongorina y la construcción de la «generación del 27 ».

[58] Claudio Guillén, «Con Dámaso Alonso… », págs. 29-30.

[59] Una confirmación en Jean-François Botrel, «De la historia de la literatura a la historia cultural: ensayo de autohistoriografía », Revista de historiografía, n° 1, 2004, págs. 10-19.

[60] En esta plenaria entresacada de los abundantes datos contenidos en el tomo de documentos , no solo inéditos, sino desconocidos que acababa de publicar en colaboración con sus esposa (Para la biografía de Góngora : documentos desconocidos, publicados por Dámaso Alonso y Eulalia Galvarriato de Alonso, Madrid, Gredos, 1962) —le ha llevado seis meses de trabajo, dice—, empieza por esta provocación muy característica de Dámaso: «La biografía ha sido, en general, una manera de engañar al lector » […] «Si no fuera un mentiroso, cualquier biógrafo debería empezar por decir que de su biografado lo ignora todo » y, después,  ofrece lo mismo una evocación del retrato de Góngora conservado en Boston (p. 25) que un análisis de una huella digital y de la letra del poeta, además de muchas informaciones sobre la situación económica del «Príncipe de los Poetas ». Consulté el texto de esta conferencia, el 19 de noviembre de 2012, en el ejemplar de las Actas de Oxford conservado en la Biblioteca Nacional de España (sign. 4/55669) donde las páginas correspondientes a la ponencia de Dámaso Alonso estaban sin cortar.

[61]Dámaso Alonso, «Algunas novedades para la biografía de Góngora », en Actas del Primer Congreso Internacional de Hispanistas celebrado en Oxford del 6 al 11 de septiembre de 1962 ; publicadas bajo la dirección de F. Pierce y C. A. Jones ; organizado por la A.I.H., Oxford, The Dolfin Book, 1964, págs. 45-46.